Bernard Defrance, Morata, Ministerio de educación y ciencia ,
2005, 155 PP LB3012.4 F8 D4418
La institución escolar tiene unas reglas de juego, implícitas o explícitas que deben guiar las respuestas a la violencia y las actitudes para garantizar la paz
social en su seno. Es indispensable que las reglas sean legítimas, que todo el mundo las respete completamente. no es posible que cada cual establezca sus
propias reglas de juego ni defina sus sanciones. En tal caso, ya no estaríamos en un estado de derecho y en una democracia, sino en el terreno de la
arbitrariedad. quien exige sumisión renuncia a obtener obediencia; quien impone su poder renuncia a toda autoridad; no se instruye mediante el
chantaje de los castigos.
La formación de la ciudadanía es una exigencia política: aprender a vivir juntos, es decir, a aprender a hacer juntos la ley. Aprender a ser demócratas y
a ser ciudadanas y ciudadanos no se puede lograr en las actividades de tiempo libre, en los clubes en los que se escoge la compañía entre las
amistades, sino en la institución escolar, es decir, en las clases de matemáticas, de historia, de biología, de educación física, de educación
artística, de tecnología, etc. donde no se selecciona con quienes debemos aprender y realizar las tareas escolares.